Conferencia de Hava Rapoport. Investigadora del IAS. Córdoba. CSIC: “La Biología del Olivar”

Interesante conferencia sobre la biología del olivar a la que pudimos asistir el pasado mes de octubre ofrecida por la investigadora Hava Rapoport, dentro del ciclo de conferencias que se están impartiendo con motivo del 25 aniversario del Museo de Etnobotánica del Jardín Botánico de Córdoba.

 

 

Esta californiana, la cual lleva afincada en Córdoba desde hace más de treinta años, comenzó su explicación con una descripción general del olivo, para posteriormente irse centrando en sus procesos de floración y fructificación.

En breves pinceladas os ofrecemos los aspectos que nos resultaron más destacados o curiosos:

Floración:

Los olivos, unas variedades más que otras, así como otros frutales, sufren un proceso llamado “vecería”; este consiste en que el árbol alterna cosechas abundantes, con años en que la producción es nula o muy escasa. Interesante fenómeno que explicaremos más adelante en un post específico sobre el tema.

Siendo un poco observador, si nos fijamos en la rama de un olivo, veremos yemas (hojas de tamaño minúsculo), que se mantienen todo un año con ese aspecto. Cuando empiezan a crecer pueden desarrollar: inflorescencias, que darían lugar a multitud de pequeñas florecillas; o un brote, que daría más ramas y hojas: el crecimiento vegetativo.

En la inflorescencia aparecen dos tipos de flores:

Hermafroditas o perfectas: con parte masculina y femenina, que dan lugar al fruto.

Imperfectas: en las que no existe parte femenina, sino solo masculina (estambres), por lo que desprenden grandes cantidades de polen. Las causas de que se desarrollen así pueden ser varias:

Bajas o altas temperaturas.

Estrés hídrico o nutritivo.

Bajo nivel de sustancias sintetizadas a partir del CO2 y la luz (fotoasimilados).

Esta manera de actuar, es simplemente un mecanismo defensivo de la planta.

Cuando el olivo desarrolla entre un 1% y 6% de “flores perfectas”, lo consideramos “OK” para la producción.

Fructificación:

El fruto del olivo es una “drupa”, con tres capas:

Exocarpo (protección).

Mesocarpo (pulpa, que contiene el aceite).

Endocarpo (capa protectora de la semilla). Es lo que conocemos como “hueso”. Sin hueso no habría pulpa, y es dentro de este hueso donde se va a encontrar la verdadera “semilla”.

La polinización es anemófila, es decir, el transporte del polen lo realiza el viento.

¿Qué son los “zofairones”? Son frutos que son capaces de crecer sin polinización ni fecundación. No tienen semilla (partenocárpicos), por lo tanto en el olivo veremos diminutas aceitunas sin semilla, y por ende, sin desarrollo/formación de drupa (aceite). Por lo  tanto con cero interés económico. Suelen aparecer en primaveras con altas temperaturas y años secos.

Fenómeno del “molestado”:

A la hora de la recolección de la aceituna, principalmente mecánica, se generan daños en el fruto debido al golpeo del mismo. Esto puede provocar importantes limitaciones en la producción de aceituna de mesa; los científicos trabajan en la actualidad para aminorar el efecto, seleccionando genotipos donde la influencia sea menor.

Justo antes de finalizar, la investigadora Hava Rapoport mencionó el problema actual con la “Xilella fastidiosa”, dando paso a continuación a una interesante y participativa tertulia entre los asistentes.

Más información de interés en nuestra sección “A varear” con los “Falsos mitos y leyendas” del aceite de oliva virgen extra.