El AOVE no es solo para tostadas y ensaladas…

Cómo disfrutar de tu AOVE de calidad todos los días

Cuando se le pregunta a cualquier consumidor por los tipos de aceite que utiliza en casa, normalmente estos responden: “dos, uno para freír o guisar, y otro para crudo más  bueno, para tostadas y ensaladas…”.

Te propongo dar un paso más: descubrir la manera de sacarle todo el partido a ese aceite de más calidad que tienes en la cocina. Pero en este artículo no te voy a hablar de maridarlo con glamurosos “ceviches” o sabrosos “tatakis de atún” (que muchos piensan que son el nombre de un río sudamericano o el del parásito de los boquerones), sino con elaboraciones sencillas del día a día.

Te aconsejo que, si aún no lo has hecho, te compres un aove de los llamados de “cosecha temprana” o “alta gama”. Te puede costar entre 8 y 15 euros el medio litro, pero estoy seguro que te merecerá la pena. Como te contamos en “por qué pagar 10 euros por un aceite, tus sentidos y tu salud te lo agradecerán. ¡Ah! y recuerda que el que los prueba…¡siempre repite!

Empecemos por el desayuno

Una tostada. Sí, claro, con aceite del bueno…¡del tirón! Tomate, jamón, ajo…los clásicos. Pero propongo algo diferente. Dulce, para el sector “bajada de azúcar” o más “fisssnamente” llamado “hipoglucémico”, untar mermelada de cualquier sabor, o sobre todo una buena miel de cualquiera de nuestros campos, y regarlas con un buen chorreón de aceite. Es una delicia la mezcla del dulzor frutal de la mermelada, o el sabor a flor de la “abeja Maya” de la miel, con los matices que le puede aportar un aceite de las variedades “arbequina” o “frantoio”.

Y ahora la aportación salada. Paté de hígado de cerdo, vamos el “foigrás” de toda la vida. Recuerdo que la primera vez que lo probé fue cuando en un desayuno del curro vi a mi amiga Fátima echándole aceite al foigrás. Yo le dije: “quilla, ¿eso está bueno…? Vaya si lo estaba. Antes el paté se me hacía un poco sequerón/nudo al pasar por la garganta, pero ahora con el chorreón atraviesa la epiglotis divinamente. Y la tostada está más sabrosa.

Con el pescado un par de cosas

Primero con las conservas de pescado. Me encantan, pero no podía aguantar los ardores y el estar repitiendo el pececito toda la tarde. Pero ojo, la culpa no era de la caballa o el atún de turno, sino del líquido que lo acompañaba, aceites de girasol u oliva de “calidad infrahumana y nocivos” para la salud. ¿Sabéis lo que hago ahora? Muy sencillo. Cojo al “Pez llamado Wanda”, le pego una buena ducha bajo el grifo, lo seco, y le pongo un líquido verde delicioso por encima que se llama aove y que lo resucita. Uummm que rico…, y sin ardores. Por ejemplo uno de variedad “hojiblanca”.

Y ahora… un buen lomo de merluza, bacalao, un lenguado, una lubina dorada, etc…, pero a la plancha. Para que los lomos no se me peguen a la sartén, lo envuelvo en papel de aluminio bien cerradito (“papillote” a lo cutre, se dice). Cuando le retiro el papel percibo un humillo muy agradable, pero cuando llega el clímax es cuando desenfundo el revólver, y “Sin piedad” vacío el cargador de la botella sobre los lomos níveos del susodicho, llegándome a la nariz una mezcla “mar y montaña” indescriptible. Fácil, y encima ¡sano!

En carne…

No soy vegetariano, ni vegano, ni afgano; simplemente…no me va. ”Pasopalabra”. Pero estoy abierto a cualquier sugerencia, que conste.

Me quedo con la verdura

Una de mis debilidades, lo reconozco, la verdura hervida acompañada de patatas en cuadraditos, también hervidas. Acelgas, espinacas, coles, coliflor, nabo, puerros… y como decía mi abuela, catalano-aragonesa de Fayón (Zaragoza),  “patates amb bajoques” (patatas con judías verdes). Simplemente, cuando esté la verdura junto a la patata ambas en su punto de cocción, en vez de echar salsas industriales a base de ingredientes de dudosa procedencia, nuestra salsa será un buen aceite de oliva virgen extra. Uno de la variedad “cornicabra” le dará una personalidad diferente a la verdura, que tras el hervor habrá perdido intensidad. Se puede añadir algo de vinagre, pero unas gotitas, que si no tapamos el aceite. A mi personalmente me gusta machacarlo todo, como si fuese un puré de patatas, ¿blanco…no, verde o verde amarillento.

Los cereales y “falsos cereales”

Ahora el forraje: pasta, arroz, cous-cous, quinoa (falso cereal)…, que si no, nos vamos a quedar con hambre. Pasta con tomate frito, con salsa bolognesa, carbonara…, arroz en blanco con tomate, con kétchup, con salsas artificiales…pero ¿habéis probado a añadir de forma generosa SOLO un aceite frutado, aromático, amargo, con su toque picantito a  todos estos alimentos? Aquí me viene un recuerdo de la infancia. Cuando mi madre me ponía “vicks-vaporub” en el pecho o debajo de la nariz cuando estaba resfriado antes de acostarme. Pues no exagero: si echáis un buen aceite de la variedad “picual” a la pasta recién hervida una vez que la habéis escurrido, y metéis la cabeza en la olla, os llegarán olores a hierba fresca, a hoja de olivo, ¡a tomate!, a alcachofa… Indescriptible.

Esto sí que es una salsa de verdad, y encima te despeja las fosas nasales. Solo con este ingrediente, estos platos estarán deliciosos, y, si no eres “cocinilla”, te vas a ahorrar un buen dinero en botes de salsas llenas de azúcares y porquerías.

Las frutas

Reconócelo, seguro que has pensado: ”¿fruta con aceite…? Este está majara”. Os cuento. Llega la época de la naranja. Cuando compréis, partid unas rodajas y echadle por encima un poco de aceite. Otra opción más completa es la de añadirle a esta naranja bacalao y algo de cebolla, y haceros este tipo ensalada. Ambas opciones os sorprenderán por su frescor y sabor. Pero si ya queréis alucinar del todo, añadidle a esta naranja otras frutas: manzana, pera, mango, granada…, o las que más os gusten. Una macedonia de frutas con aove. Color y sabor. ¿Variedad de aceite? Pues os puede servir el “frantoio” o un “arbequina” que son aceites dulces y suaves.

El “cajón desastre”

Huevos fritos: una vez frito, añadir aceite frío alrededor de la yema (formando como un círculo) acompañada de un poco de pimienta y sal. Al mojar pan en la yema y romperse, ésta, junto con la sal y la pimienta se mezclan con el aceite. La triple combinación es deliciosa.

Bizcochos y mahonesas: en este caso, recomiendo 100% la arbequina. Si sois mayoneseros y decís que con aceite de oliva no sale bien, os animo a probarla con este aceite. Y los bizcochos…, lo mismo.

Yogur griego, kefir…: solo con aceite o añadiendo algo de azúcar o miel y luego un poco de arbequina. No a todo el mundo le gusta. A mi sí.

Chocolate amargo: la he dejado para el final porque tal vez sea la más deliciosa de todas, y eso que yo no soy muy de dulce, aunque al 70% de pureza me gusta bastante. Coged un trozo de chocolate puro, y combinarlo con el aove, principalmente “picual”. Es un espectáculo. Apreciado y utilizado en la alta cocina. Y tú sin saberlo…

Listo por hoy. Espero que os sea de ayuda y despreciéis de vuestro vocabulario el que el aceite del bueno solo sirva para tostadas y ensaladas. Ejemplos os he puesto unos cuantos, pero lo que aportéis nos enriquecerá a todos.

 

Tabla-resumen: “Cómo disfrutar de tu AOVE de calidad todos los días”

ALIMENTOS Y COMIDAS SENCILLAS

TIPO DE ACEITE PROPUESTO 

Desayunos: pan tostado con miel, mermeladas

“arbequina”  “frantoio”

Desayunos-meriendas-aperitivos: Patés de hígado de cerdo (foigras),

perdiz, jamón… 

 “picual” “koroneiki” “cornicabra”

Conservas de pescado y pescados a la plancha

“hojiblanca”

Cereales o pseudocereales: pastas, arroz, cous-cous, quinoa…

                             “picual”

Verduras hervidas con patatas: acelgas, espinacas, coles, coliflor, nabo, etc.

Frutas: naranja, macedonias (naranja, granada, mango, manzana…)

verduras (“picual” y “cornicabra”)

    frutas (“arbequina” y “frantoio” )

Cajón desastre:

huevos fritos, mayonesas, bizcochos, yogur griego y kefir, y

chocolate amargo

 

Huevos fritos (“picual”  “cornicabra”)

  Bizcochos y mayonesas (“arbequina”)

Yogur griego y kefir (“arbequina”)

Chocolate amargo (“picual”)

*** Por supuesto, las variedades son a título orientativo, según mis gustos.